Como ya he hablado de todo lo que tiene que ver con los estudios, ahora ha llegado el momento de hablar de mi centro escolar. Los años de guardería los hice en la guardería Villalobitos, cerca de mi casa. Allí hice mis primeros amigos, algunos de ellos continúan conmigo hoy. Después hice infantil en Los Lapazares, que es parte también del colegio Mater Clementíssima, en el que estudio ahora. De los dos primeros centros tengo muy buenos recuerdos, pero tampoco muchos.
De lo que más de acuerdo es de mi primer día en el Mater, llegué con un poco de miedo, porque no sabía cuáles iban a ser mis compañeros, ni cómo me iba a llevar con ellos. En mi clase estaban todos lo niños que cumplían años desde mayo hasta agosto. En esa clase estaban Cristina, María y Miriam, las tres habían ido conmigo al la guardería, así que supuso un gran alivio saber que iba a estar con ellas. Luego todos mis temores se fueron, cuando vi que los chicos de mi clase eran majísimos y muy divertidos. Me hice amigo de todos y me lo pasaba genial. Luego en primero nos separaron por apellidos, de manera que todas mis amigas se iban a la otra clase y yo me quedé prácticamente solo. Había algunos chicos de mi antigua clase como Maite, Mario o Marta, pero la gran mayoría eran de otras clases. Así que me costó un poco habituarme, pero después de uno o dos días empecé a hacer me amigo de la gente y en muy poco tiempo formamos una gran piña, que por cierto, odiaba a la otra clase. Mi clase estaba formada prácticamente por chicos, con tres o cuatro chicas. Por el contrario la otra clase estaba formada por chicas y unos cinco chicos. Como mi apellido empieza por Z, he sido el último de la lista toda mi vida. En un principio comencé siendo el 29 de mi clase, cambié al 27, 24, 23, 21, 19. Cada vez el número de niños iba decreciendo más y más. Cuando llegamos a la ESO, éramos demasiado pocos para hacer dos clases, así que nos juntaron en una. ¡HORROR! Como ya he dicho antes, las dos clases nos odiábamos y no nos podíamos ni ver, por lo que los primeros días de clase fueron un poco tirantes... Poco a poco nos fuimos acostumbrando los unos a los otros y con el tiempo nos fuimos conociendo. Ya no éramos dos clases juntas, nos habíamos aceptado y unido en una. Nos hicimos muy buenos amigos y lo continuamos siendo a día de hoy, por ello, aunque en un principio costara, me alegro un montón de que nos unieran.
sábado, 13 de junio de 2015
viernes, 12 de junio de 2015
Novena entrada
Ya me voy acercando al final de mi blog. Esta es mi penúltima entrada y mañana escribiré la última. Al igual que el blog mis temas se acaban, pero he encontrado uno interesante, el funcionamiento de mi colegio. Mi centro, como ya dije en otras entradas, es el Mater Clementíssima que tiene último curso de infantil, primaria, secundaria y bachillerato. Aun que parezca imposible todo esto, sumado a la biblioteca, las salas de profesores y el laboratorio caben en dos edificios de unos tres pisos. Y quedan clases libres. El número de alumnos de mi colegio ha ido disminuyendo de manera muy rápida, en cuatro o cinco años se han reducido la mayoría de los cursos a una única clase. Ahora ya empezaré a contra cómo es nuestra experiencia desde que entramos en el colegio con 5 años hasta que salimos, con 18 ( si te quedas hasta el bachillerato).
En infantil las profesoras muy majas y las activiades que realizamos son muy entreteniadas, peor vamos, imagino que como en cualquiero otro centro. Eso sí, las profesoras de infantil van cambiando continuamente asi que ya no me acuerdo bien de la mía. Luego en primaria ya llegan mas tareas y responsabilidades. Los profesores son nuevos para nosotros, pero hasta hace unos años eran los mismos de toda la vida, Laura, Eva, Ana, Maria José, Vanesa... A principio de curso nos daban los libros ( a los que los comprabamos en el colegio) y nos daban un estuche y material. Luego hania un delegado, encargado de dar el material cuando se nos gastaba. Me acuerdo que uno de mis compañeros siempre perdia los bolis rojos y al final solo le daban uno al mes y si lo perdia se tenia que comprar él uno. Hacíamos presentaciones con los nuevos compañeros (cuando los había) y contábamos todo lo que habíamos hecho durante el verano. Era lo que mas me gustaba de todo el curso. Cuando las clases empezaban, que por descracia era muy pronto, ya nos empezaban a manear tarea. Así era básicamente toda primaria. Bueno, yo me quedaba en comedor, pero eso lo contaré en la próxima entrada. Luego entramos en la ESO y aquí cambiamos de profesores, de métodos de estudio y de todo. Ya no nos daban material, ni estuches, solo los libros. No teníamos ningun día de descanso de clases, empezábamos al al día siguiente de llegar a clase en septiembre... Pero la verdad es que ahora que se está acabando me parece que me lo he pasado muy bien y que en realidad sí que lo voy a echar de menos.
En infantil las profesoras muy majas y las activiades que realizamos son muy entreteniadas, peor vamos, imagino que como en cualquiero otro centro. Eso sí, las profesoras de infantil van cambiando continuamente asi que ya no me acuerdo bien de la mía. Luego en primaria ya llegan mas tareas y responsabilidades. Los profesores son nuevos para nosotros, pero hasta hace unos años eran los mismos de toda la vida, Laura, Eva, Ana, Maria José, Vanesa... A principio de curso nos daban los libros ( a los que los comprabamos en el colegio) y nos daban un estuche y material. Luego hania un delegado, encargado de dar el material cuando se nos gastaba. Me acuerdo que uno de mis compañeros siempre perdia los bolis rojos y al final solo le daban uno al mes y si lo perdia se tenia que comprar él uno. Hacíamos presentaciones con los nuevos compañeros (cuando los había) y contábamos todo lo que habíamos hecho durante el verano. Era lo que mas me gustaba de todo el curso. Cuando las clases empezaban, que por descracia era muy pronto, ya nos empezaban a manear tarea. Así era básicamente toda primaria. Bueno, yo me quedaba en comedor, pero eso lo contaré en la próxima entrada. Luego entramos en la ESO y aquí cambiamos de profesores, de métodos de estudio y de todo. Ya no nos daban material, ni estuches, solo los libros. No teníamos ningun día de descanso de clases, empezábamos al al día siguiente de llegar a clase en septiembre... Pero la verdad es que ahora que se está acabando me parece que me lo he pasado muy bien y que en realidad sí que lo voy a echar de menos.
jueves, 11 de junio de 2015
Décima entrada
Hola a todos, como ya avisé en la entrada anterior esta es mi última publicación, o por lo menos por el momento. Nunca se sabe si algún día me dará por seguir contándoos mis nuevas experiencias en el mundo de la enseñanza. Para el último día me he guardado el tema que menos me gusta de mi colegio, bueno, que menos me gustaba porque ya no voy. EL COMEDOR!! Como mis padres trabajan por la mañana y por la tarde y no les daba tiempo a venir a por mí (más que nada porque como ya he dicho estaban trabajando) tenía que quedarme a comedor. Yo como muy despacio, así que siempre estaba en la mesa de los lentos, que nos quedábamos dos horas más que el resto de los niños para acabar de comer. En Los Lapazares no recuerdo una comida tan mala como la del Mater, pero también puede ser porque era pequeño. En un principio el Mater no estaba mal, comíamos en el primer turno, de una a una y media y después íbamos a alguna clase a ver una película o salíamos al patio un rato. A medida que nos fuimos haciendo mayores la comida nos iba gustando cada vez menos, porque cambian de poco en poco lo menús y siempre nos quitaban los pocos platos que nos gustaban para cambiárnoslos por otros que es mejor ni nombrar. ¡Qué decepción nos llevamos el día que nos quitaron las salchichas con tomate!
Hasta quinto de primaria estuvimos en el primer turno y luego nos cambiaron al segundo, de dos a dos y media. Este horario era al revés, teníamos una hora de patio desde la una hasta las dos y después de comer podíamos salir otro poco. Los dos primeros años que estuvimos en este turno hacíamos una gincana de deportes por grupos. Era genial, nuestro grupo se llamaba "Los Pepinillos". Pero después de estos dos años lo bueno se acabó y sin saber por qué la gincana se acabó. Empezamos a jugar al fútbol, al baloncesto... Como solo tenemos un campo grande se repartía, unos días les tocaba a unos y otros días a otros. Hasta aquí todo va bien, pero el tema es con qué jugábamos. Nos daban al principio un balón bueno, que como es normal se rompía. Se supone que nos deberían dar otro, pero no, lo que hacían era rellenar el balón rajado con restos de pelotas de gomaespuma rotas. Así parecía un baló, la gracia estaba en que cada vez que le dabas una patada al balón el relleno se salía. Por lo tanto no se podían jugar partidos de fútbol, solo podíamos jugar a tiros a portería, rellenando en cada tiro el baló descuajaringado. Podría llegar a entenderlo si es que no hubiera más balones, pero es que tenemos varias redes llenas de balones, pero esos sólo se tocan en fútbol extra-escolar o cuando tocaba fútbol en Educación Física. Para que no se vieran los balones que nos daban a nosotros, estaban guardados debajo de un palet. Por suerte en segundo mis padres me dejaron irme a casa solo y no hay ni punto de comparación con la comida.
Y ahora sí que me despido.
Hasta quinto de primaria estuvimos en el primer turno y luego nos cambiaron al segundo, de dos a dos y media. Este horario era al revés, teníamos una hora de patio desde la una hasta las dos y después de comer podíamos salir otro poco. Los dos primeros años que estuvimos en este turno hacíamos una gincana de deportes por grupos. Era genial, nuestro grupo se llamaba "Los Pepinillos". Pero después de estos dos años lo bueno se acabó y sin saber por qué la gincana se acabó. Empezamos a jugar al fútbol, al baloncesto... Como solo tenemos un campo grande se repartía, unos días les tocaba a unos y otros días a otros. Hasta aquí todo va bien, pero el tema es con qué jugábamos. Nos daban al principio un balón bueno, que como es normal se rompía. Se supone que nos deberían dar otro, pero no, lo que hacían era rellenar el balón rajado con restos de pelotas de gomaespuma rotas. Así parecía un baló, la gracia estaba en que cada vez que le dabas una patada al balón el relleno se salía. Por lo tanto no se podían jugar partidos de fútbol, solo podíamos jugar a tiros a portería, rellenando en cada tiro el baló descuajaringado. Podría llegar a entenderlo si es que no hubiera más balones, pero es que tenemos varias redes llenas de balones, pero esos sólo se tocan en fútbol extra-escolar o cuando tocaba fútbol en Educación Física. Para que no se vieran los balones que nos daban a nosotros, estaban guardados debajo de un palet. Por suerte en segundo mis padres me dejaron irme a casa solo y no hay ni punto de comparación con la comida.
Y ahora sí que me despido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


