sábado, 13 de junio de 2015

Octava entrada

Como ya he hablado de todo lo que tiene que ver con los estudios, ahora ha llegado el momento de hablar de mi centro escolar. Los años de guardería los hice en la guardería Villalobitos, cerca de mi casa. Allí hice mis primeros amigos, algunos de ellos continúan conmigo hoy. Después hice infantil en Los Lapazares, que es parte también del colegio Mater Clementíssima, en el que estudio ahora. De los dos primeros centros tengo muy buenos recuerdos, pero tampoco muchos.


De lo que más de acuerdo es de mi primer día en el Mater, llegué con un poco de miedo, porque no sabía cuáles iban a ser mis compañeros, ni cómo me iba a llevar con ellos. En mi clase estaban todos lo niños que cumplían años desde mayo hasta agosto. En esa clase estaban Cristina, María y Miriam,  las tres habían ido conmigo al la guardería, así que supuso un gran alivio saber que iba a estar con ellas. Luego todos mis temores se fueron, cuando vi que los chicos de mi clase eran majísimos y muy divertidos. Me hice amigo de todos y me lo pasaba genial. Luego en primero nos separaron por apellidos, de manera que todas mis amigas se iban a la otra clase y yo me quedé prácticamente solo. Había algunos chicos de mi antigua clase como Maite, Mario o Marta, pero la gran mayoría eran de otras clases. Así que me costó un poco habituarme, pero después de uno o dos días empecé a hacer me amigo de la gente y en muy poco tiempo formamos una gran piña, que por cierto, odiaba a la otra clase. Mi clase estaba formada prácticamente por chicos, con tres o cuatro chicas. Por el contrario la otra clase estaba formada por chicas y unos cinco chicos. Como mi apellido empieza por Z, he sido el último de la lista toda mi vida. En un principio comencé siendo el 29 de mi clase, cambié al 27, 24, 23, 21, 19. Cada vez el número de niños iba decreciendo más y más. Cuando llegamos a la ESO, éramos demasiado pocos para hacer dos clases, así que nos juntaron en una. ¡HORROR! Como ya he dicho antes, las dos clases nos odiábamos y no nos podíamos ni ver, por lo que los primeros días de clase fueron un poco tirantes... Poco a poco nos fuimos acostumbrando los unos a los otros y con el tiempo nos fuimos conociendo. Ya no éramos dos clases juntas, nos habíamos aceptado y unido en una. Nos hicimos muy buenos amigos y lo continuamos siendo a día de hoy, por ello, aunque en un principio costara, me alegro un montón de que nos unieran.


No hay comentarios:

Publicar un comentario