jueves, 11 de junio de 2015

Décima entrada

Hola a todos, como ya avisé en la entrada anterior esta es mi última publicación, o por lo menos por el momento. Nunca se sabe si algún día me dará por seguir contándoos mis nuevas experiencias en el mundo de la enseñanza. Para el último día me he guardado el tema que menos me gusta de mi colegio, bueno, que menos me gustaba porque ya no voy. EL COMEDOR!! Como mis padres trabajan por la mañana y por la tarde y no les daba tiempo a venir a por mí (más que nada porque como ya he dicho estaban trabajando) tenía que quedarme a comedor. Yo como muy despacio, así que siempre estaba en la mesa de los lentos, que nos quedábamos dos horas más que el resto de los niños para acabar de comer. En Los Lapazares no recuerdo una comida tan mala como la del Mater, pero también puede ser porque era pequeño. En un principio el Mater no estaba mal, comíamos en el primer turno, de una a una y media y después íbamos a alguna clase a ver una película o salíamos al patio un rato. A medida que nos fuimos haciendo mayores la comida nos iba gustando cada vez menos, porque cambian de poco en poco lo menús y siempre nos quitaban los pocos platos que nos gustaban para cambiárnoslos por otros que es mejor ni nombrar. ¡Qué decepción nos llevamos el día que nos quitaron las salchichas con tomate! 


Hasta quinto de primaria estuvimos en el primer turno y luego nos  cambiaron al segundo, de dos a dos y media. Este horario era al revés, teníamos una hora de patio desde la una hasta las dos y después de comer podíamos salir otro poco. Los dos primeros años que estuvimos en este turno hacíamos una gincana de deportes por grupos. Era genial, nuestro grupo se llamaba "Los Pepinillos". Pero después de estos dos años lo bueno se acabó y sin saber por qué la gincana se acabó. Empezamos a jugar al fútbol, al baloncesto... Como solo tenemos un campo grande se repartía, unos días les tocaba a unos y otros días a otros. Hasta aquí todo va bien, pero el tema es con qué jugábamos. Nos daban al principio un balón bueno, que como es normal se rompía. Se supone que nos deberían dar otro, pero no, lo que hacían era rellenar el balón rajado con restos de pelotas de gomaespuma rotas. Así parecía un baló, la gracia estaba en que cada vez que le dabas una patada al balón el relleno se salía. Por lo tanto no se podían jugar partidos de fútbol, solo podíamos jugar a tiros a portería, rellenando en cada tiro el baló descuajaringado. Podría llegar a entenderlo si es que no hubiera más balones, pero es que tenemos varias redes llenas de balones, pero esos sólo se tocan en fútbol extra-escolar o cuando tocaba fútbol en Educación Física. Para que no se vieran los balones que nos daban a nosotros, estaban guardados debajo de un palet. Por suerte en segundo mis padres me dejaron irme a casa solo y no hay ni punto de comparación con la comida.  
Y ahora sí que me despido.

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